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Marzo, Abril, 2005

BOYEROS
UN PATRIMONIO MUNDIAL

Tanto los visitantes como los residentes muestran entusiasmo cuando las coloridas carretas con ruedas de madera y tiradas por bueyes monumentales y empeñosos, recorren los caminos empinados que conducen a los campos de Costa Rica, para realizar sus labores diarias. Los boyeros (los hombres que guían a los bueyes) y sus pintorescas carretas, son típicamente ticos. Con su paso laborioso y adormilado, históricamente estos vehículos transportaban legumbres frescas, carbón y sal, además de materiales para la construcción de iglesias, puentes y escuelas. Pero la faena de los bueyes no se reduce al tirar de la carreta. Estos nobles animales también abren surcos en la tierra y dan vueltas en los trapiches (molinos para extraer el jugo de la caña de azúcar), perpetuando una tradición ajena a los tractores modernos

Y es que justo en ese momento nos rodea un mínimo de 700 de estas encantadoras criaturas, que nos brindan un espectáculo fenomenal y excesivamente emotivo por su exuberancia. Sí, hasta el océano parecía vibrar con su impetuosa energía.

?Splash,? el más cercano inquieta las aguas y crea un remolino de rocío salado que humedece al extasiado grupo de caras humanas. Hay cierto olor a pescado, pero a nadie le molesta. Todos gozamos enormemente.

Sierra Goodman, fundadora de ?Delfín Amor?, compañía que ofrece encuentros con delfines y ballenas, palmea las manos con alegría cada vez que uno de los mamíferos marinos realiza una voltereta en el aire. Es obvio, ella cree ser la mujer con el mejor trabajo del mundo, y yo no me opongo.

Después de media hora, Sierra da un aviso largamente esperado, ?¡Los delfines se han tranquilizado, ya podemos entrar al agua con ellos!? Nuestra emoción es más que evidente y en la prisa por ponernos las máscaras y las aletas, trepamos uno encima del otro.

?Sluuush,? entro al agua como un torpedo y siento la calidez azul que me cubre como una suave cobija. Hoy la visibilidad es buena y me encuentro en un mundo color cobalto puro, lleno de vida y con rayos de sol que penetran la superficie y bailan sobre la piel lisa de los delfines.

Ellos me rodean lentamente; satisfaciendo su curiosidad al máximo; sonriendo, como siempre lo hacen los delfines. Entonces, otros torpedos humanos se lanzan del barco y comparten esta maravillosa escena de movimiento y sonido. Ellos se ven torpes en comparación a las hábiles criaturas que se deslizan en su reino acuático con la misma gracia que los patinadores en el hielo.

Cliquean y pitan. Nos sondean con su radar sofisticado y no dejan de sonreír enigmáticamente. Son tantos que forman un remolino a mi alrededor, y me siento como Dorothy en El Mago de Oz; sólo que el tornado no es de viento, es de delfines.

Y al igual que ellos yo sonrío abiertamente; una expresión que no tiene valor práctico debajo del mar. El agua entra a mi boca y chisporroteo. Los delfines me miran entretenidos. La experiencia es simplemente conmovedora. ¡No sabía que esto era posible en Costa Rica!

Se quedan un rato más, acercándose tanto que puedo sentir el movimiento del agua sobre mi cuerpo, mientras se menean para saludar a cada visitante. Luego desaparecen.

?Es una experiencia maravillosa, ¿verdad?? pregunta Sierra ? sin pretensiones de obtener respuestas ? cuando regresamos al bote. ?La Península Osa tiene el potencial para ser uno de los mejores sitios en el mundo para conocer delfines y ballenas. Tenemos 25 especies distintas, además de ser el punto de encuentro entre ballenas jorobadas del norte y del sur. No hay otro lugar igual.?

No me queda más que consentir.

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Enero, Febrero 2005

Kayak Cocibolca

“Y… ¿dónde están los tiburones?” pregunté con falsa serenidad, tratando de ocultar mis nervios.
Andrew Sninsky, el dueño de Lake Nicaragua Island Kayaks no fue engañado ni por un instante: “No te preocupes, Dale,” me contestó en tono paternal. “No encontraremos ninguno en el área donde vamos a navegar hoy. Ellos prefieren aguas más profundas.”
Mi primer acercamiento a los “tiburones toro” de Nicaragua se produjo el año pasado, cuando al hojear una enciclopedia descubrí que estos magníficos carnívoros de hasta tres metros de largo, son los únicos tiburones en el mundo que viven en aguas dulces.
Luego, en el periódico local leí en letras llamativas, “¡Hombre Comido por Tiburón!”
Yo creo frmemente que siempre es bueno estar preparado para enfrentar las situaciones inesperadas de la vida, inclusive hasta un ataque de tiburones en un lago. Y es por eso que no dudé en pasar varias horas nadando atléticamente en la piscina del Hotel La Gran Francia en Granada, por si en mi aventura fuera necesario “salir corriendo” del agua.


Siento escalofríos al recordar la historia. Imagino la angustia, el miedo, también la tímida resignación de las muchachas obligadas a morir en el corazón del volcán para saciar el hambre de una bruja despiadada, pero ? seguramente ? infalible en sus designios.

Las leyendas en torno al Masaya continuaron con la llegada de los españoles. En opinión de muchos de ellos, el cráter era una puerta al infierno y por eso decidieron construir una cruz gigantesca para evitar las salidas del diablo, la cual ha cumplido y cumple su misión de manera implacable. Nadie ha visto al maligno.

Otros pensaban que el volcán era una gran caldera de oro líquido, que debía ser alimentada y avivada con los cuerpos de docenas de indígenas. En esta época hubo un interminable e inesperado banquete para la bruja.

A pesar de que el Masaya es un volcán con apariencia de modesta colina, tiene un récord de erupciones impresionante. La primera se produjo en el 4 mil a.C., siendo una de las más grandes ocurridas en el mundo en los últimos 10 mil años.

Desde 1524, cuando los españoles empezaron a registrar las explosiones, su furia se ha desatado 17 veces. La última ocurrió en el 2001, cuando un grupo de 250 turistas se encontraba en la cima.

Quizás por esta razón me entregaron un panfleto informativo que decía, ?En el caso de la expulsión de piedras, se puede proteger debajo del carro.? Afortunadamente, el estacionamiento está al lado del cráter, y el camino se mantiene en buen estado.

Al borde del cráter, escucho el borboteo que nace de su turbia profundidad. Imagino que la bruja está ahí, enojada y hambrienta porque ya nadie le da de comer. Y para colmo de males, los que visitan el volcán le causan una tremenda frustración, tentándola con sus hijitos gorditos y apetitosos? que nunca se los tiran.

Tal vez sea algo supersticioso, pero mañana es mi cumpleaños y me encantaría que fuera un día sin lluvia. No tengo ninguna virgen a la mano, sólo una galletita de chocolate que condenaré al ardiente abismo, con la esperanza que sea suficiente para contratar los servicios de la bruja.

por Dale Morris

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